Trayectoria artística
Recorrido

Benoît Galifer
René Benoît Galifer nació en 1944 en Arles, una ciudad nutricia fuertemente impregnada de cultura y tradiciones. Desde el instituto, muy pronto entra en contacto con la pintura gracias a Théo Rigaud, profesor de dibujo en el liceo y pintor conocido… pero tardíamente reconocido. A pesar de una precoz sensibilidad artística que le valdrá a los 16 años un primer premio de dibujo en un Festival de Jóvenes organizado por la ciudad y que le hizo considerar por un tiempo una carrera artística, sus decisiones lo llevan en 1963 a comprometerse en la facultad de Montpellier con el largo recorrido de los estudios médicos que harán de él un universitario reconocido, profesor de cirugía pediátrica y jefe de servicio en el Hospital Universitario. Un brillante y exigente trayecto en contacto con el niño enfermo o malformado que terminará en 2012, rico de una inolvidable experiencia humana acumulada al precio… ¡de medio siglo sin pintura! Pero el deseo siempre estuvo ahí, verdadera célula durmiente, y he aquí que resurge inmediatamente con fuerza como una fuente subterránea de cuya existencia casi había olvidado, intacto como en los primeros días, virgen de toda formación académica - a la vez fuerza y debilidad - pero enriquecido de un lento e inconsciente proceso de maduración. Liberado entonces de todas las limitaciones que han estructurado su vida de cirujano, retoma los pinceles como si los hubiera abandonado la víspera y redescubre la libertad de creación, de improvisación, la duda y el derecho al fracaso, así como la exaltación que nace de no saber frente al lienzo en blanco hasta dónde y hacia qué territorios desconocidos puede llevar. De ello resulta una pintura bruta que no se niega ninguna contradicción o experimentación, una pintura libre y espontánea que deja surgir lo aleatorio y lo imprevisto, una pintura intuitiva que no obedece a ninguna moda o dictado técnico, una pintura de acceso inmediato pues es de percepto y no de concepto y cuyas únicas pretensiones son dejar afirmarse una pasión contrariada que, en otra vida, habría podido colmarla totalmente, y expresar el optimismo que traduce un trabajo de creación tan tardío… aunque en el fondo sabe que quizás no tendrá tiempo de llegar hasta el final.
Enfoque Artístico
Es en la representación de los cuatro elementos simbólicos de la naturaleza: el agua, la tierra, el aire y el fuego, donde su búsqueda permanente de una escritura personal, si no original, es más evidente. Cielos tormentosos, mares embravecidos, horizontes sin fin, inexactitud de las lejanías, tantos elementos que se oponen o se responden a ambos lados de interfaces horizontales que no dejan de recordar la abstracción lírica de un Rothko o de un de Staël. Estos paisajes, a menudo imaginarios y anónimos aunque evocando en filigrana ese país de Arles que lo vio nacer y crecer y ese Languedoc donde ahora vive, traducen su tentación de la abstracción y dejan adivinar influencias múltiples que se mezclan para desembocar en una poesía onírica a mitad de camino entre lo real y la ficción, que sugiere más de lo que afirma, dejando a quienes los contemplan la posibilidad de reinterpretación y apropiación. Junto a estas composiciones horizontales, pinta la verticalidad de ciudades modernas inspiradas en esas grandes ciudades del sueño norteamericano donde residió, paisajes urbanos paradójicamente marcados por una gran soledad que traducen su representación casi desierta y la elección de tonos más bien sombríos. El tercer tema, más intimista, es la materialización del poderoso vínculo afectivo que lo une a sus tierras de nacimiento y adopción, marcado por una expresión pictórica que se vuelve más figurativa como si, en un proceso inverso, quisiera devolver una realidad a sus recuerdos más difusos.
Técnica y Medios
Benoît Galifer ha elegido casi exclusivamente el acrílico sobre diferentes soportes: lienzo, papel, cartón.
Hoy
Desde finales de 2012, Benoît Galifer se dedica ahora en su taller a reactivar su primera pasión que reencuentra después de medio siglo de infidelidad como una antigua y siempre exigente amante. Pero ella no ha envejecido y tratar de reconquistarla sigue siendo un esfuerzo de todos los instantes. ¡Benoît Galifer, un viejo «joven» pintor que quiere testimoniar que la emergencia artística no tiene edad!